El niño y el mundo

Él tiene una flor entre sus manos.

La ha recogido, flotaba en el agua.

La besa y la sumerge.

La observa desde el otro lado de la superficie.

Y la acaricia sin miedo a ahogarla, pues la contempla con la delicadeza, el cariño y la admiración.

Debe de tener unos seis años y más heridas en las piernas que en el corazón.

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