Casar grandezas

Aclaración

Los siguientes apuntes son concebidos en términos de género binario por el mero hecho de que asocio, inevitablemente, el comportamiento de hombres y mujeres a nuestra condición de mamíferos homo sapiens sapiens hembra y macho.

La vida que aporta a la sociedad la corriente LGTBIQ+ con su diversidad de expresiones corporales, manifestaciones de la identidad, tendencias conductuales, etc… comprendo que trasciende la naturaleza más pura para permitirnos desarrollarnos en otras dimensiones (espiritual, artística, emocional, social…) y así alcanzar estados superiores de conciencia relativas a la libertad, a la creatividad y a la comunidad.

Bien pues, cuando me paro a pensar y llego a reflexiones como la que comparto a continuación, vuelvo a reducir al ser humano a mamífero y pienso en lenguaje biológico. Y, aunque es cierto que en nuestra naturaleza se dan diversidades (invisibiliazadas por mucho tiempo por normas sociales, políticas y medios de comunicación) cómo las personas intersex, las mujeres con altos niveles de andrógenos, los hombres con altos niveles de estrógenos, cada persona con su única y propia forma: tamaño, talla, color, contextura, imagen… nos seguimos identificando, muchas de nosotras, con el estandar establecido. Por eso me parece importante y me permito dar un paso atrás con esto.

Contexto

Me transporto a mi adolescencia y recupero memorias, sensaciones, convicciones. Soy una mujer, me reconozco en mi cuerpo de hembra, siento mis órganos y mi esencia profunda también en la mujer. Amo a la mujer, amo a el hombre. Siempre me ha gusta el chico y también difruto a la chica, sientiendo de una forma tan distinta respecto al uno y a la una. Me descubrí siendo chica queriendo habitar los espacios de ellos. Y supe cómo performarme como tía enrollada que es uno mas de los nuestros. No siempre, pero a veces sí. Es una manera de habitar el espacio de ellos sin romper la seguridad de lo homogéneo. Porque no es lo mismo una tía enrollada que es uno de los nuestros que una mujer entre nosotros. Y una tercera posibilidad es el grupo heterogéneo. Digo que hay tres posibilidades sabiendo que el escenario dividido por género es intercambiable. No es lo mismo él es como una más que él es un hombre invadiendo el espacio nuestro, y luego el grupo compuesto. Podríamos concebir dos alternativas más: grupo de hombres y grupo de mujeres. Al no darse interacción entre géneros es irrelevante, para mi, ahora. Sería el clásico: los hombres preparan la barbacoa mientras las mujeres toman un vino y hablan; o: las mujeres cocinan en la cocina mientras los hombres debaten y fuman en el salón.

Asunto

Volvamos al punto de partida. Soy una mujer. Puedo ser todo lo mujer que soy o puedo guardarme, danzar con mi energía complementaria interna y mostrarme amable con las diferencias entre hombres y mujeres. Si me presento con toda mi grandeza de mujer, es posible que los hombres se sientan intimidados, en especial, en espacios inicialmente destinados a su hermandad y su soltura. Por lo tanto, algo amable es acoplar mi energía enorme de mujer a la conducta de los hombres, evitando esos detalles que me delatan como mujer grande y evitando, también, aquello que descaradamente es manifiesta como soy un hombre enorme como vosotros porque no soy un hombre. Es lo que valoro yo de un él cuando es parte de una grupo de mujeres. Siendo hombre, estás aquí con nosotras, sin arrollar, sin ser una mujer, porque no lo eres y no tienes que serlo si no lo eres. Pero sí estás con nosotras y puedo sentir como danzas con tu complementario interno, y eso me gusta y no tengo que pedírtelo, porque me entiendes y sabes lo que necesito: un espacio de mujeres donde poder ser todo lo mujer que soy y donde no tienes prohibida la entrada siempre y cuando respetes y te acoples como yo lo hago por vosotros, cuando lo hago.

A partir de aquí es que conecto con uno de los aspectos clave de la injusticia relativa a la discriminación misógina. Cuando a lo largo de la historia se ha amputado uno de los puntos de confluencia esenciales y se ha substituido por otro antinatural. «-Luego recupero esto…»

Los espacios han sido ocupados de manera desproporcionada por el hombre, esto lo sabemos. Y los espacios en los que el hombre era el punto fuerte. Los espacios ocupados por mujeres han sido sistemáticamente amenazados, incluso aniquilados, también lo sabemos. Los espacios en los que la mujer era el punto fuerte dejaron de existir hasta que volvieron a existir en beneficio de todes. Mientras que en el estandar se establecía que la mujer debía siempre por norma reducirse, en su reflejo correspondiente se imponía que la mujer también debía reducirse. En su espacio de confort el hombre podía ser todo lo hombre que era y en los espacios de confort de las mujeres el hombre podía ser todo lo hombre que era. Y así las mujeres, independientemente del espacio y del numero de mujeres que se juntaban, eramos forzadas a menguar. Siendo maltratadas cuando menguar nos era inaceptable.

«-Yo sé que no viví otros tiempos, no creo demasiado en la reencarnación, pero escribo en plural porque mi cuerpo me cuenta tanto dolor que sé que no es solo el mío.»

Aquí recupero lo que he mencionado antes. Cómo de antinatural es que en un grupo de mujeres, quien es todo lo grande que puede ser, sea un hombre o varios. Cómo de natural es que en un grupo de mujeres, todas ellas esten recogidas para prestarse a la necesidad de un hombre (su necesidad de hablar, de ser comprendido, de reivindicar, de aleccionar…). Para mi no es algo natural. Lo natural es que muchas mujeres juntas se sientan invencibles y alimentadas por el poder de las otras, más fuertes que una sola. En esta sensación, en este saber, no hay manera que todas permanezcan pasivas ante el discurso de un hombre, esto es para mi subrealista. Teniendo en cuenta que este hombre, si se comporta así, es porque no está siendo capaz, en ese momento, de ver cuánto poder están moviendo ellas ni quienes son ellas. Por lo tanto este punto de confluencia, en el que los hombres pueden amar a las mujeres desde un lugar de recepción de su carácter, que es cuando el hombre dosifica su grandeza de hombre para acoplarse a la mujer, se nos ha sido arrebatado y substituido por un espacio en el que el hombre entrena su dictadura y en el que las mujeres adiestran su ser para permanecer limitadas.

Pongo punto y final, es la hora de comer.

[…]

Vuelvo con el plato de pasta.

Me siento drenada… ¿A quién escribo esto? No hace falta teorizar… ¿o sí? Son capaces de cualquier cosa, pero ¿nos aman? ¿son capaces de amarnos, de pensar en nosotras?

Les quiero de mi parte y no soy capaz de escribir lo que siento.

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